A
pesar de ser una de las poblaciones con menos habitantes de la
comarca (93 en el año 2001), cuenta Alberite con una historia
densa que se remonta tal vez a la ocupación musulmana,
pues del árabe, procede parte de su topónimo. Deriva
por un lado del árabe (Alberite = "la posta")
y por otro, de la orden de San Juan, a la que perteneció
en el siglo XV.
Ya en 1127 aparece citado en algún documento, cuando el
rey Alfonso I regala a García Iñiguez, entre
otras posesiones, una heredad en Alberite. La Orden del Temple
tuvo aquí parte de su encomienda, desde 1139, dependiendo
en primer momento de la de Novillas, hasta que en 1157 Ramón
Berenguer IV confirma las posesiones a la Orden.
De esta época nos han quedado los escasos restos del castillo,
en la plaza de la iglesia.
A
comienzos del siglo XIV se extingue la Orden del Temple, pasando
a ser el pueblo una dependencia de la Orden de San Juan.
La Iglesia de Nuestra
Señora de la Asunción, de traza mudéjar
e interior gótico es lo único que nos ha llegado
hasta hoy de ese periodo medieval.
Alberite ha sufrido desde los años cincuenta un proceso
de emigración muy fuerte, basando actualmente su economía
en la vid, el olivo y algo de cereal, así
como en el ganado ovino.
De la posible fundación musulmana anteriormente citada
se han encontrado restos humanos en el cercano monte
Quez, así como un yacimiento
arqueológico con restos de un poblado hallstático
(1000 a.C.), que nos habla de algún posible asentamiento
humano muy anterior a su fundación.
Los alberitanos celebran sus fiestas el 27 de septiembre
(S. Cosme y S. Damián), día en el que aun los mozos
siguen "robando" judías " barrochas"
para comerlas todos juntos al día siguiente; el primer
fin de semana de febrero se celebra el "Santísimo
Robado".