
La
historia de los vinos de la D.O. "Campo de Borja"
está ligada indiscutiblemente a la historia de la comarca,
de gran tradición vitivinícola desde antaño.
La primera referencia relativa a la vid que consta en la documentación,
encontrada en los archivos del Monasterio de Veruela, son
las donaciones de las viñas de Magallón en 1203,
bajo el abadiato de Raimundo Guillén, quinto abad de Veruela,
lo que nos hace suponer que existían viñedos desde
tiempos mucho más lejanos.
En el transcurso del siglo XIV, los abades de Veruela agruparon
sus propiedades y añadieron el dos de julio de 1453 la
compra de la villa de Ainzón, con todos sus límites,
pastos, aguas y viñas. Ainzón, según consta
en el archivo, interesó al abad Gabriel Serra sobretodo
para desarrollar el viñedo. Así, conocemos que Veruela
poseía señoríos en Alcalá, Litago,
Vera de Moncayo, Bulbuente, Ainzón, Pozuelo, y numerosos
bienes en Agón, Añón, Trasmoz, Magallón,
Borja, Albeta, Tarazona, Fuendejalón, Pozuelo... Por lo
tanto, la influencia que tuvo el monasterio de Veruela en el desarrollo
de la vid fue muy importante, conservando, desarrollando y potenciando
la viticultura que ha llegado hasta nuestros días.
La tradición histórica de las bodegas es
igualmente larga, destacando desde las bodegas del propio monasterio,
a las innumerables bodegas particulares existentes en todos los
municipios de la zona, situadas bien en montes o cabezos cercanos
al pueblo o incluso bajo las propias casas, tradición
que sigue conservándose hasta hoy.
La historia sigue su curso y es en 1978 cuando se reglamenta
la D.O. "Campo de Borja", con el objeto de
conseguir para esta zona un reconocimiento al esfuerzo de sus
viticultores y a la calidad de sus vinos, concediéndose
definitivamente en 1980 la Denominación de Origen
para los vinos del "Campo de Borja".