Se
podría decir de él que es el último pueblo
de la comarca (a unos 83 km de Zaragoza), por que es aquí,
en Talamantes, donde se acaba la carretera, en lo hondo del profundo
barranco de "la Mina", a los pies del
Moncayo. Ultimo en distancia, que no en belleza por que conserva
este pueblo el encanto de esos en los que parece que el tiempo
se ha detenido.
Cuenta
con los restos de un castillo-atalaya,
en el monte de la Silla, que perteneció a la Orden de
los Templarios primero, y de Malta después, el cual
perece ya estaba construido en 1127, según consta en algunos
documentos históricos. De
un siglo más tarde (siglo XIII) data la ermita
de San Miguel, a un kilómetro del casco urbano,
la cual alberga una bella talla, recién restaurada
(año 2001), del siglo XV, del propio santo, al cual están
dedicadas sus fiestas patronales, el 29 de septiembre.
Sin
embargo, los más interesante, desde el punto de vista artístico,
son sin duda, las recientemente descubiertas (año2000)
pinturas medievales,
en el interior de la iglesia
parroquial de San Pedro Apóstol (siglo XVI), las
cuales fueron encontradas en el proceso de restauración
de la iglesia.
Celebran los talamantinos (61 habitantes en 2001), además
de sus fiestas patronales, una romería hacia
el 22 de mayo a la Virgen de Constantín, en el vecino pueblo
de Purujosa. Además de su tradicional dance de paloteaos,
llevado a cabo por los jóvenes descendientes del pueblo.
Curiosa
circunstancia la de estos habitantes de Talamantes, de cuyo topónimo
se desconoce la auténtica procedencia ("tala-montes"
dicen algunos, "talomontos" aparece en un libro del
XIII),
pues
cuentan con una media de edad de 67 años, y con la renta
per cápita más alta de toda la comarca. Hasta hace
dos o tres décadas, la economía estaba basada fundamentalmente
en el comercio de ganado porcino, en el ovino (llegó
a haber más de 10.000 cabezas, hoy hay 300), en la agricultura
y la caza. Hoy, como dice esta gente entrañable con
mucho sentido del humor, la economía está basada
en la "seguridad social".
Talamantes, municipio de concejo abierto, sigue siendo un paraíso
para los cazadores y para los amantes de la excelente miel
que aquí se recoge, unos 40.000 kilos al año,
para luego comercializarla.
Celebra, la primera quincena de agosto, en la que llega a haber
más de 500 personas, una semana cultural organizada
por estos jóvenes que regresan al pueblo en verano.